El cierre de trimestre no tiene por qué ser un sprint de agotamiento

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Los últimos diez días de cada trimestre se parecen sospechosamente entre sí

Más reuniones de seguimiento.

Más correos marcados como urgentes.

Más pestañas abiertas a la vez.

Y una sensación compartida en todo el equipo: «En cuanto cerremos esto, respiramos».

El problema es que el trimestre siguiente empieza exactamente igual.

Lo que suele pasar en un cierre

Cuando se acumulan tareas y plazos, la respuesta habitual es hacer varias cosas a la vez para «avanzar en todo». Pero la multitarea no reparte la atención: la fragmenta. Cada cambio de tarea tiene un coste de re-concentración, aunque no lo notemos conscientemente. El resultado es que un equipo puede acabar el día agotado y con la sensación de haber avanzado menos de lo esperado.

Octubre, además, es un mes en el que el cuerpo pide de forma natural más estabilidad y menos dispersión. En la empresa, esa necesidad de menos multitarea y más presencia, choca de frente con la lógica del cierre de trimestre, que empuja justo en la dirección contraria.

Urgencia real y urgencia percibida

No todo lo que llega marcado como urgente en un cierre lo es de verdad. Parte de la presión de estos días viene de una costumbre acumulada: dejar para el final tareas que podrían haberse repartido antes, y tratarlas después todas como si tuvieran la misma prioridad. Distinguir ambas cosas, antes de que empiece el sprint final, es una de las decisiones más simples y más olvidadas en la gestión de un cierre.

Una práctica de equipo (antes de una tarea de cierre importante)

Bloques de 25-30 minutos, una sola tarea, sin notificaciones ni pestañas abiertas de correo. Al final de cada bloque, una pausa breve de pie o de respiración antes de pasar a la siguiente. No es una técnica nueva ni sofisticada y es difícil de sostener precisamente en los días de más presión, que es cuando más falta hace.

Una pregunta para quien lidera el equipo

Si este cierre de trimestre se repite cada tres meses exactamente igual de intenso, ¿es una excepción puntual o es ya la forma habitual en la que trabaja el equipo? La respuesta determina qué solución tiene más sentido, ya que gestionar un pico aislado no es lo mismo que rediseñar un patrón que se repite cuatro veces al año.

Cómo lo veo desde mi experiencia

No tengo un programa que «elimine» un cierre de trimestre (seguirá existiendo, sea cual sea la empresa). Lo que puedo aportar es un taller o una serie de sesiones breves de respiración y foco, pensadas para los días previos al cierre, partiendo de haber vivido ese ritmo de trimestre a trimestre desde dentro. Si tu equipo vive este patrón cuatro veces al año, hablemos de qué tendría sentido probar: escríbeme.

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